Todos hoy en día disfrutamos de nuestra televisión en casa, sin importar
si seguimos con un “anticuado” televisor de caja con tubos de rayos catódicos
hasta el televisor LED “cuarentaytantas” pulgadas, la comodidad que éste ofrece
opaca de alguna manera su rápida evolución, pues el público consumidor está
acostumbrado a recibir nueva tecnología costantemente. Muchos han sido los
cambios en esta tecnología, y muy probablemente esté olvidando muchos otros,
pero enfatizare en los que considero más importantes.
Iniciando por el tubo de rayos catódicos, el primer paso, el comienzo,
lo básico de la tecnología, consistente en un tubo que emite electrones hacia
una pantalla recubierta de fósforo, excitándose y generando luz por medio de
señales eléctricas, dando así la imagen. Al ser un tubo real lo que estaba
dentro del televisor, se generaban tamaños hasta de medio metro de profundidad.
La fibra óptica, aparece no solo para la televisión, se suma la telefonía
y la internet, viajando los tres medios por un mismo cable. La fibra óptica es
tan pura que es un perfecto conductor de señales binarias, permitiendo la
emisión y recepción de gran ancho de
banda, a larga distancia e inmune a la intemperie y a las interferencias
electromagnéticas. Ésto, sin duda, mejoró la calidad de la señal.
El color revoluciona la pantalla. Bien sabemos que los inicios fueron a
blanco y negro, pero una vez descubierta la capacidad de unir los colores
básicos rojo, verde y azul en un solo canal de la señal, aparece la televisión
a color, generando la necesidad de otra frecuencia para esos televisores
antiguos que manejaban señal a blanco y negro.
Existiendo la caja luminosa, aparentemente en su máxima expresión, las
preguntas dejan de surgir únicamente para la calidad del producto, para tomar
el campo de la comodidad y pensar en el usuario, llegando así el mando a
distancia, que calmaría el tedio y las incomodidades de pararse a encender,
cambiar canal, subir o bajar volumen. Aunque en un principio eran con cable
evolucionando a infrarrojo, hoy contamos con la calidad del bluetooth y hasta
convertir el iPhone en nuestro control del televisor por medio del Wi-fi.
La necesidad de comunicación a larga distancia, obliga a la creación de
satélites que permitan trasmitir imágenes
a puntos muy distantes, pues los repetidores locales, solo eran para
eso, emisión de señal local. Se necesitaba un repetidor de tal magnitud que
repartiera la señal a distintos puntos del planeta. Es cuando los repetidores
de televisión se nos quedaron cortos y fue necesario instalar un repetidor, tan
grande que fuera capaz de repetir una señal a distintos puntos del globo
terráqueo. Enviando satélites dentro de la órbita terrestre, con el objetivo
que girará a la par del planeta, logrando conectar el mundo en cuestión de
segundos.
Una vez solucionada la cobertura, el problema a surgir es la
conservación del material, pues no se conocía forma de guardar o copiar la
información a un medio alternativo de la cámara con la que se grababa el
programa. Surgen así los magnétoscopios, capaces de duplicar la información en
una cinta de imprimación magnética vulnerable a la luz solar, agua y campos
electromagnéticos. El apogeo del Betamax y el VHS relució, pero como todo en la
tecnología perece, aparecieron los discos compactos con mayor capacidad de
memoria y más resistentes en cuanto al cuidado.
Como nunca es suficiente para el ser humano, la tarea consistía en
mejorar la calidad del audio y la imagen, llegando el sonido dual y la alta
definición, sobrepasando los límites de la calidad anterior. Y aunque la
tecnología ya no parezca hecha para la comodidad y el entretenimiento, y sea
vista como una forma de hacer dinero y más dinero, la sociedad no alcanza a
asimilar los cambios tan frecuentes, pues se ha acostumbrado al constante
desarrollo donde lo raro no es que todo evolucione a diario, sino que la más
mínima pausa en progreso genera inconformidad en la sociedad de consumo.
JORGE MARTÍNEZ G.
No hay comentarios:
Publicar un comentario